sábado, marzo 27, 2010

A mi familia

No sé si un sol desmedido

me atravesará de punta a punta

cuando las oscuridades avancen

sobre mi perfecta catedral secreta.

Pero hoy estoy aquí frente a ti,

oh señor,

tal como nací,

desnuda,

mojada de lágrimas,

el pelo chorreándome nostalgias,

y un cansancio antiguo, descansando en mis huesos.

Mientras me dejo ir,

vienen todos los que partieron antes de mí,

me tienden su mano y me sostienen,

no me siento sola ni triste,

sino que,

me sacuden las ganas de eternidad.

Veo verde, con ojos de monte,

azul, con las olas del espumoso mar.

Soy la estrella brillante que mira desde lo alto.

Soy viento que sopla mis angustias y las desperdiga,

me hace flotar en el aire,

me hace corretear por los arroyos,

me hace quebrar los relojes del tiempo,

al borrar la huella de mis pequeños pasos,

vueltos trascendentes por los recuerdos en cada uno de ustedes.

Recuerden que seré siempre el duende luminoso y sonriente,

al que perseguirán en sus sueños.

Donde corro,

siguiéndoles a mi vez,

jugando al gato y el ratón hasta que,

llegando el amanecer alcance el umbral del Paraíso.

No me lloren, ya estoy tranquila,

aún tengo dudas, si se puede decir así,

pero ya respiro a todo pulmón,

mis piernas tienen la fuerza de siempre

y mi mano ya no tiembla.

No me lloren por que ya veo la luz y estoy en paz.

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