martes, octubre 23, 2007

A mi padre

En todos los vaticinios escriben sobre la destrucción del mundo.
Todas las profecías cuentan que el hombre creará su propia destrucción.
Pero los siglos pasan y la vida que siempre se renueva
y, sin saber como, engendró
una generación de armadores de sueños;
hombres y mujeres que no divagaron con la destrucción del mundo,
sino con la construcción del mundo de mariposas y roncales.
Desde pequeños venían marcados por el amor
detrás de esa apariencia cotidiana guardaban la ternura y el sol de medianoche.
Los llamaron ilusos, románticos, pensadores de utopías
dijeron que sus palabras eran viejas.
En efecto, lo eran porque la memoria del paraíso
es antigua en el corazón del hombre
Dicen que la tierra después de parirlos desencadenó un cielo de arco iris
sopló de fecundidad las raíces de los árboles.
Nosotros sólo sabemos que los hemos visto sabemos que la vida los engendró
para protegerse de la muerte que anuncian las profecías.
Entre ellos está, mi padre,
muchas veces silencioso y observador
pero siempre atento a lo que pueda suceder.
De niña lo veía tan alto que a las estrellas podía alcanzar,
Quijote de la triste figura, luchaba con ímpetu persiguiendo sus sueños.
Me enseñaste que sin trabajo nada se alcanza,
que los sueños no son para los ilusos sino para quien lucha por alcanzarlos
que nada es imposible a pesar de las adversidades y los obstáculos,
que siempre hay una esperanza,
que la honestidad y la responsabilidad está ante todo
que todo el respeto se alcanza
si los trabajos se hacen con la fuerza del alma.
Me enseñaste tanto con tus silencios
que a veces pienso que,
bajo el arco iris que protegió a los soñadores
quedó algo de utopía y se fundió en mi ser al momento de nacer
Papá,
no tengo riquezas materiales pero si la herencia de tu enseñanza,
la fuerza para seguir adelante a pesar de las espinas de la vida,
y la necesidad de dar el cien por cien en todo lo que empiezo.
Me es difícil describir todo lo que aprendí,
sólo decirte que,
estoy contigo en cada silencio y en cada sonrisa
en cada uno de tus sueños y en cada una de tus lágrimas,
estoy contigo hasta el fin de los tiempos.
Gracias por ser mi papá.

A la Maestra

Un día de mañana trajiste todas las memoriasque un sabio puede guardar.Tocaste mis manos y abriste mi corazón;
Majestuosa te elevaste entre las nubes y no dejaste de aletear.Eres y siempre serás mi maestra,
toma mis manos y enséñame a volar

Naciste dispuesta a convertirte en madre sin la sublime necesidad de parir
y gestaste cientos de niños, en tu segundo hogar. Abonando, regando su tierna raíz, fuiste mamá sustituta, que besa y mima al recién llegado, y derramas lágrimas cuando lo ves partir. Creando un ambiente confortable y feliz en salitas de colores Profesional de los juegos, eres un genio que a todos haces reír. Pediatra sin título, barbijo ni estetoscopio ni necesitas de un botiquín. Tu beso es la venda que se posa en la herida y a los diez minutos se deja de sufrir. Las caricias que almacenas de por vida te han de servir
Para cuidar el recuerdo de tanta ausencia Pues no ha sido en vano lo que tú les has brindado. Docente que formas vidas para el niño que no tiene un hogar para si. para aquel busca en la escuela, un rincón tibiecito. con aroma de flores, convertido en jardín.Jamás ellos se olvidarán de ti…